lunes, 25 de mayo de 2009

el amante sin rostro

Matías, joven homosexual chileno aspirante a escritor, viaja a Nueva York a perfeccionar su profesión y va a vivir a casa de una tía, un estupendo apartamento con vistas a Central Park. Su llegada coincide (¿o cataliza?) con una serie de acontecimientos que se producen simultáneamente: la tía anuncia su separación, el marido decide contarle al hijo pequeño que es adoptado, la otra hija le cuenta a su primo que es lesbiana, y el tío obispo desaparece ante los crecientes rumores sobre su homosexualidad.

bien pudiera parecer el programa piloto de una teleserie de doscientos capítulos. Pero Jorge Marchant, que sabe mucho del tema de las teleseries, conoce su oficio (el que le dio de comer antes y el que le da de comer, espero, ahora) y con estos mimbres construye una magnífica novela que está mucho más cerca de Henry James que de los culebrones.

es admirable en Marchant su capacidad para situarse no sólo en el momento histórico que le ha tocado (que nos ha tocado) vivir, como si tuviera visión de águila y contemplara todo desde las alturas, sino también su habilidad para ubicarse dentro de la literatura a base de referencias a novelas y autores. Es de alabar la reivindicación que hace de una de las primeras novelas de tema abiertamente homosexual de la lengua castellana: Pasión y muerte del cura Deusto, que el chileno Augusto d’Halmar escribió en España en 1920 (atención editores: ¡a ver para cuando la recuperamos!) Pero no sólo eso: El lugar sin límites, de José Donoso, chileno y homosexual, está presente también (algunos conoceréis la magnífica versión cinematográfica que hizo Ripstein).

además Marchant tiene una especial habilidad para cambiar los sujetos narrativos y los tiempos en el mismo discurso sin causar extrañeza en el lector, o la desviación hacia puntos de vista externos a la trama que aportan interesantes perspectivas.

Chile y Nueva York, la homosexualidad, la familia, la hipocresía, el desarraigo, la religión.. temas que ya estaban presentes en la estupenda Sangre como la mía, reaparecen en esta nueva novela que, no por ser menos personal, resulta menos interesante. Quizá todo lo contrario: sus lectores españoles descubrirán al Marchant de Me parece que no somos felices o La joven de blanco, previas a Sangre como la mía.

El amante sin rostro es una novela sobre la disolución y la pérdida, sobre un mundo caótico que se descompone entre personas que hablan y hablan pero sin entenderse. Quizá Marchant añora otras épocas en la que todo era más difícil, pero más coherente. Por eso la novela se lee como a través de unos visillos raídos, como una biblioteca cuyos despojos se reparten los descendientes sin demasiado interés, con la ligera sensación de que el pasado está cada vez más lejano y el presente no hay manera de entenderlo.

(elputojacktwist@gmail.com, dos manzanas)