viernes, 11 de junio de 2010

Black, Black, Black

la novela policíaca pone siempre a prueba la imaginación del lector. Al saber que el protagonista de ésta es un detective gay, es posible que a muchos se les dispare la otra imaginación, la «calenturienta». Pero no, quien vaya buscando sexo además de intriga no lo encontrará en Black, Black, Black, excelente libro más allá de cualquier etiqueta, y que hace el número siete en la producción novelística de la escritora madrileña Marta Sanz (1967).

«no puedo evitar ser una persona pulcrita ni que me gusten los muchachos de baja estatura y complexión débil». Así se presenta el detective privado Arturo Zarco, narrador de una historia que, por supuesto, empieza con su correspondiente muerto. O mejor dicho, muerta, Cristina Esquivel. Un año después de su estrangulamiento, la policía ha archivado el caso, pero sus padres siguen sospechando del albañil «moro» que se casó con su única hija, toda una doctora. Así que contratan los servicios de Zarco, que se encuentra con un trabajo de mucho más empaque que los habituales; cierto es que no puede intervenir en casos de asesinato, pero sí puede investigar el paradero de su nietecita Leila y aprovechar para husmear el entorno de la casa donde Cristina murió.. y donde Yalal Hussein sigue viviendo. Todas las averiguaciones se las va contando ―a su manera― telefónicamente a su ex mujer, con la que mantiene una curiosa relación de amistad no exenta de puyitas mutuas. En el edificio en cuestión habita una fauna de lo más peculiar, y entre ellos «un elfo que huele a leche con vainilla y a lápices», un chico menudo y daltónico que estudia Biología y colecciona mariposas: «Paula, me he enamorado».

la narración está salpicada de alusiones a personajes clásicos del género negro que hacen de contraste en un caso que parece menor pero que se va complicando con otra muerta y una desaparecida. Zarco acaba en el hospital cuidado por Olmo (el elfo) y de repente nos hallamos en un segundo bloque constituido por el diario que Luz (la madre del elfo) empezó a escribir a instancias del doctor Bartoldi, su psiquiatra. A continuación nos encontraremos con un tercer y último bloque, en el que Paula tomará la voz cantante.. y hasta aquí podemos contar de esta particular «historia de una escalera», una lograda novela en todos los sentidos.

(Bernardo M. Briz, Shanguide, mayo de 2010)